"Comencé a
buscar en internet ayuda para entender a mi hermana. Siempre había oído decir
que las mujeres eran muy variables e inestables. Quería saber si era un
estúpido cliché o tenía algo de verdad. Recordaba a mi madre, toda ternura a la
par que decidida y constante. Nunca me pareció una persona desequilibrada o
ambivalente. Tenía las ideas muy claras y sabía imponer su autoridad sin
levantar la voz. Cariñosa y firme a la vez. ¡Cuánto añoraba su cálida y firme presencia!
Mi madre era mi hogar y me tocaba a mí reemplazarla. Tarea imposible.
Síndrome de
la veleta, encontré en una página web de pretendido rigor científico. Era
increíble, describía a mi hermana a la perfección. Ciclotimia era el nombre
técnico que le daban. No sabía qué hacer con esa información, seguía
sintiéndome impotente ante la alternancia de profunda tristeza y la exaltación,
aparentemente injustificada, con que nos obsequiaba Sara día a día. La verdad
es que me destrozaba verla caer, prefería sus euforias y sus alocadas risas.
Esas risas que antes me crispaban porque parecían extravagancias de chiquilla
descontrolada resultaban ahora un
auténtico descanso. La opción de buscar ayuda profesional no existía, así que
decidí hacer un curso intensivo vía internet. Todos los días leía artículos de
psicología, tomaba apuntes, anotaba sus reacciones, reflexionaba sobre mis
respuestas más adecuadas… Por ensayo y error fui aprendiendo a manejarla. No fue
tarea fácil".
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