"La diferencia con la Sara adolescente e inconsciente
de aquellos años, tras la muerte de mamá, es que yo ya no era un chiquillo y la
experiencia de vida tenía que servirme de algo. En mi inconsciente estaba
instalado la inutilidad y el infortunio que suponía perder tiempo y energía en
lamentarte de que no eras feliz. El letargo no se podía perpetuar y los
periodos de indolencia y sarcasmo se entremezclaban con otros de lucidez y
lucha por despertar. Lo vi claro una tarde calurosa de finales de junio,
cuando, ya terminados los exámenes -a los que no me había presentado- escuché
las voces de alegría de mi hermana que venía eufórica del instituto porque
había aprobado todas y estaba lista para empezar el bachiller. Su alegría y
entusiasmo contrastaban con el cielo plomizo de un verano incipiente que
dificultaba el fluir de la respiración. Había perdido el curso entero por una
crisis de 15 días. Mi necedad no tenía límites. Había que reaccionar y había
que hacerlo ya, ni mañana ni la semana siguiente, ¡ya!"MIS HISTORIAS
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DESDE MI VENTANA/ DICIEMBRE
EN SENTIDO INVERSO DEL FINAL AL PRINCIPIO, TODA LA HISTORIA
domingo, 18 de junio de 2017
DICIEMBRE 90
"La diferencia con la Sara adolescente e inconsciente
de aquellos años, tras la muerte de mamá, es que yo ya no era un chiquillo y la
experiencia de vida tenía que servirme de algo. En mi inconsciente estaba
instalado la inutilidad y el infortunio que suponía perder tiempo y energía en
lamentarte de que no eras feliz. El letargo no se podía perpetuar y los
periodos de indolencia y sarcasmo se entremezclaban con otros de lucidez y
lucha por despertar. Lo vi claro una tarde calurosa de finales de junio,
cuando, ya terminados los exámenes -a los que no me había presentado- escuché
las voces de alegría de mi hermana que venía eufórica del instituto porque
había aprobado todas y estaba lista para empezar el bachiller. Su alegría y
entusiasmo contrastaban con el cielo plomizo de un verano incipiente que
dificultaba el fluir de la respiración. Había perdido el curso entero por una
crisis de 15 días. Mi necedad no tenía límites. Había que reaccionar y había
que hacerlo ya, ni mañana ni la semana siguiente, ¡ya!"
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