"Me senté en
el sofá frente a mi hermana. Me sentía como un invitado en mi propia casa. ¿O
ya no era mi casa? Derrotado sobre aquél viejo mueble y con la lánguida luz que
entraba por la única ventana del salón -algunas cosas parecían no cambiar
nunca- mi hermana, que recuperó por momentos, un poco de la personalidad dulce
y acogedora que tenía en los tiempos en que éramos uña y carne, me comunicó que
las cosas en casa habían cambiado. Yo no salía de mi asombro, aún no podía
imaginarme a qué se estaba refiriendo mi hermana. Obviamente, mi padre había
tomado el control de la casa, ése que yo asumí como un adulto y que me robó mi
infancia, mientras él jugaba al hombre de negocios clandestino. Me contó Sara,
que mi padre hizo como si no hubiera ocurrido nada, es decir, como si yo no me
hubiera marchado. Como si yo no hubiera existido nunca, evitó en todo momento
mencionar mi nombre. El modus vivendi de la casa se modificó drásticamente, al
menos para mi hermana. Las tareas que yo asumía se las pasó mi padre sin mediar
negociación alguna. Ella tuvo que asumir todas las tareas de la casa de golpe,
de las que no sabía nada y, probablemente pensaba que se resolvían mágicamente
hasta que yo me marché. Pobre niña, se rompió la cápsula de cristal en la que
se había enclaustrado".MIS HISTORIAS
Mis historias
DESDE MI VENTANA/ DICIEMBRE
EN SENTIDO INVERSO DEL FINAL AL PRINCIPIO, TODA LA HISTORIA
miércoles, 3 de mayo de 2017
DICIEMBRE 61
"Me senté en
el sofá frente a mi hermana. Me sentía como un invitado en mi propia casa. ¿O
ya no era mi casa? Derrotado sobre aquél viejo mueble y con la lánguida luz que
entraba por la única ventana del salón -algunas cosas parecían no cambiar
nunca- mi hermana, que recuperó por momentos, un poco de la personalidad dulce
y acogedora que tenía en los tiempos en que éramos uña y carne, me comunicó que
las cosas en casa habían cambiado. Yo no salía de mi asombro, aún no podía
imaginarme a qué se estaba refiriendo mi hermana. Obviamente, mi padre había
tomado el control de la casa, ése que yo asumí como un adulto y que me robó mi
infancia, mientras él jugaba al hombre de negocios clandestino. Me contó Sara,
que mi padre hizo como si no hubiera ocurrido nada, es decir, como si yo no me
hubiera marchado. Como si yo no hubiera existido nunca, evitó en todo momento
mencionar mi nombre. El modus vivendi de la casa se modificó drásticamente, al
menos para mi hermana. Las tareas que yo asumía se las pasó mi padre sin mediar
negociación alguna. Ella tuvo que asumir todas las tareas de la casa de golpe,
de las que no sabía nada y, probablemente pensaba que se resolvían mágicamente
hasta que yo me marché. Pobre niña, se rompió la cápsula de cristal en la que
se había enclaustrado".
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