"Algunas lecciones se deben vivir en primera persona para
entenderlas. Es más que una frase, es la historia de mi vida. Desde pequeño
escuchaba a mi madre hablar de lo importante que era sacar enseñanza de todo
cuanto nos ocurría. Insistía en que a veces lo que se presenta como negativo o
traumático puede ser el punto de arranque para algo fabuloso. Recuerdo aquello
que me contó un día mientras me arropaba
y me daba las buenas noches. Yo llevaba llorando desde que llegué del colegio
porque un niño me hacía la vida imposible. Saca las garras y defiéndete, pero
no con los puños sino con el carácter y la actitud. Ante mi cara de incredulidad
y de impotencia me intentaba consolar acurrucándome en su pecho y me decía en
un susurro, que me clamaba como por encanto, que era necesario que nos encontráramos
obstáculos para hacernos fuertes porque si no seríamos como el niño, al que por
amor y miedo a que se atragantaran, dieron todo el alimento batido durante años
y no le llegaron a crecer nunca los dientes. A decir verdad, me costaba sacar
enseñanzas positivas de todo aquello que me iba sucediendo desde que abrí los
ojos a la vida -especialmente desde que murió mamá. Y pensar que de chiquillo
me parecía que era un niño desgraciado porque no podía tener las cosas que
tenían los demás. No tenía de todo, es cierto, pero tenía lo que necesitaba".

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