"La que mi
padre llamaba Tina, mi hermana bruja y yo usurpadora, se paseaba por casa sin ningún pudor y con
toda impunidad. Ocupé una habitación pequeña, que había tenido la función de
trastero antes de mi marcha, porque mi cuarto se había convertido en el
despacho. Decir que el ambiente de casa era extraño es quedarse muy corto.
Encerrado en mi nuevo cuarto preparé un plan para abordar la nueva situación.
En primer lugar, tenía que establecer las bases, o sea, qué estaba ocurriendo,
qué papel desempeñaba cada quien. Estaba claro que me habían desplazado de mi
estatus de organizador y controlador de la economía doméstica, hasta ahí ningún
problema. Me habían ninguneado completamente, pero en realidad eso era una
buena noticia para mí. Nadie me pedía nada ni me reclamaba ninguna actuación.
Ser invisible es lo mejor que me podía ocurrir, dadas las circunstancias. Después
estaba el asunto de las tareas menos gratas como cocinar, la colada, la
limpieza, etc. que actualmente estaban a cargo de mi hermana. Bajo ningún
concepto iba a asumirlas otra vez. El plan era liberar a mi hermana de ser la
criada de la que se había convertido en la señora de la casa. Al menos, Sara
estaba dispuesta a escucharme; tener una conversación con mi hermana y que
interactuara conmigo era un privilegio con el que no contaba. Algo bueno saldría
de todo el desconcierto que había irrumpido en nuestras vidas. Mi hermana
escuchaba sí, pero estaba abatida y derrotada". MIS HISTORIAS
Mis historias
DESDE MI VENTANA/ DICIEMBRE
EN SENTIDO INVERSO DEL FINAL AL PRINCIPIO, TODA LA HISTORIA
jueves, 11 de mayo de 2017
DICIEMBRE 65
"La que mi
padre llamaba Tina, mi hermana bruja y yo usurpadora, se paseaba por casa sin ningún pudor y con
toda impunidad. Ocupé una habitación pequeña, que había tenido la función de
trastero antes de mi marcha, porque mi cuarto se había convertido en el
despacho. Decir que el ambiente de casa era extraño es quedarse muy corto.
Encerrado en mi nuevo cuarto preparé un plan para abordar la nueva situación.
En primer lugar, tenía que establecer las bases, o sea, qué estaba ocurriendo,
qué papel desempeñaba cada quien. Estaba claro que me habían desplazado de mi
estatus de organizador y controlador de la economía doméstica, hasta ahí ningún
problema. Me habían ninguneado completamente, pero en realidad eso era una
buena noticia para mí. Nadie me pedía nada ni me reclamaba ninguna actuación.
Ser invisible es lo mejor que me podía ocurrir, dadas las circunstancias. Después
estaba el asunto de las tareas menos gratas como cocinar, la colada, la
limpieza, etc. que actualmente estaban a cargo de mi hermana. Bajo ningún
concepto iba a asumirlas otra vez. El plan era liberar a mi hermana de ser la
criada de la que se había convertido en la señora de la casa. Al menos, Sara
estaba dispuesta a escucharme; tener una conversación con mi hermana y que
interactuara conmigo era un privilegio con el que no contaba. Algo bueno saldría
de todo el desconcierto que había irrumpido en nuestras vidas. Mi hermana
escuchaba sí, pero estaba abatida y derrotada".
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