"La llamada del teatro ejercía una atracción sobre mí que apenas me dejaba dormir por las noches. Una parte de mí quería sucumbir a
la promesa del éxito sobre las tablas de un escenario y la otra, más racional,
me reclamaba finalizar los estudios, al menos los previos a la universidad. Mi
sentido común me reclamaba no cerrarme posibilidades de futuro y mi lado más
visceral me demandaba que dejara volar mi espíritu libre. De no haber existido
la aventura del periódico y la inesperada y refrescante amistad de Juancho, la
balanza hacia la escapada por Europa no habría tenido resistencia alguna.
Estaba viviendo un auténtico déjà vu, volver a renunciar a marcharme e intentar
ser dueño de mi propio destino, era algo que acababa de vivir tan solo unas
semanas atrás. A pesar de lo duro que fue tomar la decisión. Poder decidir y
elegir fue, total y absolutamente, terapéutico. Tener opciones, para variar, era gratificante.
Pero la libertad de elegir estaba mediatizada por lo que me había inculcado mi
madre cuando no levantaba un palmo del suelo. No permitas que le ocurra nada a
tu hermanita, me decía mi madre cada vez que la inquieta y jovial Sara, de
aquellos tiempos de nuestra primera infancia, se metía en líos. Y me hacía prometérselo
haciéndome una cruz con el dedo sobre el pecho mientras ella dibujaba su más
tierna y aduladora sonrisa".MIS HISTORIAS
Mis historias
DESDE MI VENTANA/ DICIEMBRE
EN SENTIDO INVERSO DEL FINAL AL PRINCIPIO, TODA LA HISTORIA
domingo, 21 de mayo de 2017
DICIEMBRE 74
"La llamada del teatro ejercía una atracción sobre mí que apenas me dejaba dormir por las noches. Una parte de mí quería sucumbir a
la promesa del éxito sobre las tablas de un escenario y la otra, más racional,
me reclamaba finalizar los estudios, al menos los previos a la universidad. Mi
sentido común me reclamaba no cerrarme posibilidades de futuro y mi lado más
visceral me demandaba que dejara volar mi espíritu libre. De no haber existido
la aventura del periódico y la inesperada y refrescante amistad de Juancho, la
balanza hacia la escapada por Europa no habría tenido resistencia alguna.
Estaba viviendo un auténtico déjà vu, volver a renunciar a marcharme e intentar
ser dueño de mi propio destino, era algo que acababa de vivir tan solo unas
semanas atrás. A pesar de lo duro que fue tomar la decisión. Poder decidir y
elegir fue, total y absolutamente, terapéutico. Tener opciones, para variar, era gratificante.
Pero la libertad de elegir estaba mediatizada por lo que me había inculcado mi
madre cuando no levantaba un palmo del suelo. No permitas que le ocurra nada a
tu hermanita, me decía mi madre cada vez que la inquieta y jovial Sara, de
aquellos tiempos de nuestra primera infancia, se metía en líos. Y me hacía prometérselo
haciéndome una cruz con el dedo sobre el pecho mientras ella dibujaba su más
tierna y aduladora sonrisa".
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