"Sara y Juancho se levantaban temprano para salir a
correr. A su vuelta desayunábamos juntos y organizaban todo el día de manera
que no quedara un hueco libre.
Caíamos exhaustos todos los días. Aquel enclave
estaba a tiro de piedra de la estación de esquí de Javalambre, de Valencia y,
no demasiado lejos de Sagunto. También estuvimos en el Parque Natural de la
Sierra Calderona. Más que vacaciones de relax parecía una competición. Lo
pasábamos genial, pero si había alguien que estuvieran disfrutando de veras era
Sarita. Estaba como en una nube. Y como no estarlo, estábamos viviendo en una
semana más que en casi dos décadas de vida. Juancho era el perfecto anfitrión. No
parecía cansarse nunca, nos llevaba a todas partes contándonos anécdotas sin
parar, soltando datos y dando información sobre lo que veíamos a cada paso. No
en vano, había pasado allí gran parte de su infancia. Los días que más disfruté
fueron los de las rutas por el monte. Mi hermana se esforzaba por no quejarse y
aguantaba el tirón cada día como si no hubiera un mañana. Acabado el día nos
reuníamos en torno al fuego y charlábamos hasta las tantas. Llegábamos a la cama
rendidos pero felices. Por primera vez en mucho tiempo la noche no me resultaba
aterradora".
No hay comentarios:
Publicar un comentario