"Juancho me invitó a pasar las vacaciones de navidad en
su chalet de la sierra. La idea me encantó. Me permití el lujo de pensar un
poco en mi felicidad y le dije que sí sin plantearme si era oportuno o no. Se
lo conté a Sara, a pesar de que estaba convencido de que ni me escucharía. Para
mi sorpresa abrió los ojos como platos y me pidió que le rogara a Juancho que
la dejara acompañarnos. Más sorprendido me dejó mi amigo que, lejos de poner
alguna excusa o gesto de incomodidad, se mostró encantado con mi inesperada
propuesta. Nos fuimos los tres a la sierra de Javalambre. Aquellas elevaciones
y valles encajados me provocaban unas ganas enormes de salir y recorrerlo todo.
No perderme ni una de sus sendas. Sara estaba cambiadisima. Se había quitado su
disfraz de gótica. Iba con unos vaqueros ajustados y una camiseta blanca que la
hacía parecer una chiquilla. El pelo recogido en cola de caballo y la cara
limpia, sin maquillaje, le daban el aspecto inocente y saludable que hacía
tiempo había perdido. Me sentí feliz de verla así. Juancho iba conduciendo y bromeando
todo el tiempo. Estaba encantado con la presencia de mi hermana, más de lo que
me hubiera gustado, a decir verdad. Por fin llegamos al chalet. No era ni
enorme ni lujoso en exceso, pero su construcción sobria y equilibrada le daban
un aire de fortaleza que me traía recuerdos de otros tiempos en los que se
hacía necesario proteger la hacienda de los enemigos. Sus padres estaban allí.
Nos recibieron con mucho protocolo. Amables y atentos, nos obsequiaron con una
cena exquisita tras la cual nos mostraron unas excelentes habitaciones con
vistas al valle del Turia. No desaprovechamos ni un solo día. El tiempo parecía
haberse detenido".MIS HISTORIAS
Mis historias
DESDE MI VENTANA/ DICIEMBRE
EN SENTIDO INVERSO DEL FINAL AL PRINCIPIO, TODA LA HISTORIA
domingo, 28 de mayo de 2017
DICIEMBRE 76
"Juancho me invitó a pasar las vacaciones de navidad en
su chalet de la sierra. La idea me encantó. Me permití el lujo de pensar un
poco en mi felicidad y le dije que sí sin plantearme si era oportuno o no. Se
lo conté a Sara, a pesar de que estaba convencido de que ni me escucharía. Para
mi sorpresa abrió los ojos como platos y me pidió que le rogara a Juancho que
la dejara acompañarnos. Más sorprendido me dejó mi amigo que, lejos de poner
alguna excusa o gesto de incomodidad, se mostró encantado con mi inesperada
propuesta. Nos fuimos los tres a la sierra de Javalambre. Aquellas elevaciones
y valles encajados me provocaban unas ganas enormes de salir y recorrerlo todo.
No perderme ni una de sus sendas. Sara estaba cambiadisima. Se había quitado su
disfraz de gótica. Iba con unos vaqueros ajustados y una camiseta blanca que la
hacía parecer una chiquilla. El pelo recogido en cola de caballo y la cara
limpia, sin maquillaje, le daban el aspecto inocente y saludable que hacía
tiempo había perdido. Me sentí feliz de verla así. Juancho iba conduciendo y bromeando
todo el tiempo. Estaba encantado con la presencia de mi hermana, más de lo que
me hubiera gustado, a decir verdad. Por fin llegamos al chalet. No era ni
enorme ni lujoso en exceso, pero su construcción sobria y equilibrada le daban
un aire de fortaleza que me traía recuerdos de otros tiempos en los que se
hacía necesario proteger la hacienda de los enemigos. Sus padres estaban allí.
Nos recibieron con mucho protocolo. Amables y atentos, nos obsequiaron con una
cena exquisita tras la cual nos mostraron unas excelentes habitaciones con
vistas al valle del Turia. No desaprovechamos ni un solo día. El tiempo parecía
haberse detenido".
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario