MIS HISTORIAS

Mis historias

DESDE MI VENTANA/ DICIEMBRE

EN SENTIDO INVERSO DEL FINAL AL PRINCIPIO, TODA LA HISTORIA

martes, 9 de febrero de 2016

"DESDE MI VENTANA" L

Pero mi ausencia de la red era más pretendida que casual. En Navidad me pongo especialmente nostálgica y la sensibilidad me sale por los poros de la piel. Tenía tanto miedo que las palabras de Juan, sin pretenderlo, me hirieran que prefería sufrir su ausencia que saber de su existencia. No pude resistirme y entré en mi face. Buscaba un Feliz Navidad y todos esos tópicos de esas fechas. No había ningún mensaje. ¡Dios! Él tampoco había entrado desde hacía más de una semana. Se habría enredado en temas familiares, quise justificarlo. Opté por ser yo la que usara el saludo navideño implorando para mis adentros que hubiera alguna respuesta. Salud, Paz, Amor y buenas razones para continuar la lucha diaria, esto último lo añadí con el fin de aportar a mi saludo un toque personal que lo alejara del saludo de la mayoría. ¡Hola, amiga!, respondió sacándome la más amplia de las sonrisas.
Poco después de las vacaciones navideñas, la abuela enfermó. Abuelita, abuelita, decía mi hermano en un susurro cuando se acercaba a su cama. Vamos Luis, deja descansar a la abuela, le pedía mi madre con ternura. Mi hermano sentía que se le iba uno de los pilares de su subsistencia emocional y no quería separarse de ella. Vale, me callo, suplicaba, pero déjame quedarme aquí otro poquito más. Pero no callaba. Pasó los últimos días de la vida de la abuela leyéndola las historias que escribí en otros tiempos, algunas de las de aquellos suplementes dominicales publicadas tiempo atrás y otras guardadas y olvidadas en un cajón de mi viejo buró. Léela a la abuela tus cuentos Luis, le decía en tono cómplice para que mamá no se enterara de que no dejábamos dormir a la abuela. Tus historias llegan más al alma, me contestó mi hermano con los ojos vidriosos. La abuela permaneció en semi-coma al menos dos semanas. Ni mi hermano ni yo quisimos dejarla sola un solo instante y mi madre a pesar de sus aparentes enfados por no dejar a la abuela tranquila, sonreía con tristeza y cerraba la puerta con sigilo dejándonos allí dentro hablando, en un susurro ininterrumpido, con la abuela. Murió como vivió, con suavidad con elegancia, sin dolor, todo en ella era dulzura y fuerza a la vez. A pesar de que éramos conscientes de que la abuela se hacía mayor, no estábamos preparados para perderla, no aún.

No hay comentarios:

Publicar un comentario