MIS HISTORIAS

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DESDE MI VENTANA/ DICIEMBRE

EN SENTIDO INVERSO DEL FINAL AL PRINCIPIO, TODA LA HISTORIA

miércoles, 3 de febrero de 2016

"DESDE MI VENTANA" XLV

"Estaba en mí. La solución a todos mis problemas estaba a mi alcance. O asumirlo o superarlo, me dije. El tiempo pasa y estoy cansada de postergar las promesas que me hice cuando creía en la posibilidad de cambiar mi destino. Seguía allá en lo más profundo de mi ser una voz que reclama el derecho a la lucha. Continuaba esperando que al levantarme un día mágicamente me lanzara a la calle y por fin recibiría al día al otro lado de mi ventana. Seguía soñando, como diría la de Castro, con la eterna primavera de la vida y de los campos… Confundí soñar con posponer y dejé de plantearme superar mi horror a salir de casa esperando “¿qué?”, esperando nada. La posibilidad de un encuentro con Juan, el viaje soñado con mi amiga del alma, editar el libro de mi historia personal… ¿es que acaso no tenía estímulos suficientes para plantarle cara a mis fantasmas de una buena vez?

Mantuve el contacto con Juan a través de la red. Su tono de nuevo sonaba cálido y sincero. Ya no mencionaba a Adela y yo se lo agradecí en silencio. Sus sencillos y breves pero continuos mensajes acariciaban mis sentidos. Yo le respondía en el mismo tono, familiar y cercano. Parecíamos viejos amigos compartiendo recuerdos. Evitando siempre enfrentarnos a temas comprometidos manteníamos cierta distancia con la realidad. No me mencionó en ningún momento el lamentable suceso de su visita frustrada y yo lo prefería así, no obstante, me sonrojaba de vergüenza cada vez que leía entre líneas su deseo de verme en persona. Y llegó un, ¿no te lo había dicho? Hace tiempo que no sé nada de Adela. Deseaba ignorar su mensaje pero qué clase de amiga no le dice un, ¿y eso? Me explicó que se fueron distanciando sus citas y terminaron comunicándose prácticamente por internet hasta que también fue desapareciendo la comunicación poco a poco. Todo iba bien, no divertíamos, pero no había magia, dijo, y quedó en silencio esperando mi respuesta. ¿Crees en la magia?, le dije, consciente de que me estaba saliendo del halo protector de las conversaciones mundanas y controladas que evitaban el compromiso y se alejaban de posibles riesgos".

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