MIS HISTORIAS

Mis historias

DESDE MI VENTANA/ DICIEMBRE

EN SENTIDO INVERSO DEL FINAL AL PRINCIPIO, TODA LA HISTORIA

martes, 16 de febrero de 2016

"DESDE MI VENTANA" LIV

Juan comenzó a escribirme cartas que me llegaban por correo ordinario. Se me ocurrió decirle un día que con tanta modernidad habíamos perdido algunos encantos de recursos que en otro tiempo eran imprescindibles. Le comenté que echaba en falta abrir el buzón y encontrarme las postales de mi amiga enviadas desde cualquier rincón del mundo. La primera carta fue una sorpresa increíble. Me resultó tan peculiar que me daba miedo abrirla. Era una carta bellísima. Hablaba de sus inquietudes, de su infancia, de sus vivencias antes y después de nuestro primer contacto en la red. Pero no solo era una relación de eventos o anécdotas. Era un auténtico relato contado a modo de cuentacuentos. Buscando la armonía, el vocabulario, el tono… levantando expectación a veces y manteniendo una especie de belleza literaria más cercana al género lírico que al narrativo. ¿Cómo era posible que escribiera tan bonito y no lo hubiese apreciado en nuestra relación “escrita” de hacía ya más de un año? A esa primera carta le siguió otra la semana siguiente y otra más una semana después. Después de la tercera me hice verdaderamente adicta a sus historias. Sin embargo se detuvo el correo y me quedé ensimismada esperando entre incrédula y delirante. Descubrí que todo ese tiempo de correo ordinario no había entrado en la red y abrí el ordenador con los dedos temblorosos esperando una respuesta a su silencio. Allí estaba él, esperándome. ¿Dónde andas?, me dijo. No llegó tu carta de esta semana, reproché. Ah, ¿pero las has recibido?, dijo sin aspereza. ¡Maldita sea!, ni le había contestado a las cartas ni había entrado en mi página para mencionar lo mucho que me gustaban sus misivas. ¿Cómo narices iba él a saber el efecto que me estaban causando sus cartas? ¡Dios!, como lo siento, comencé diciendo, estaba tan ensimismada con tus escritos que no reparé en transmitirte mi entusiasmo, me disculpé. Podrías seguir con tus relatos, supliqué. Me alegro que te haya gustado, respondió lacónico. Pero, ¿me seguirás escribiendo?, insistí. Preferiría conversar contigo. Ya lo hacemos, dije haciéndome la despistada y comprendiendo al instante lo que intentaba decirme. Me llama mi madre, he de irme. Hasta otro momento, corté. Ella… fue lo último que leí antes de cerrar mi ordenador.


No hay comentarios:

Publicar un comentario