MIS HISTORIAS

Mis historias

DESDE MI VENTANA/ DICIEMBRE

EN SENTIDO INVERSO DEL FINAL AL PRINCIPIO, TODA LA HISTORIA

lunes, 8 de febrero de 2016

"DESDE MI VENTANA" XLIX

Mantuve contacto con Pablo Barrios. La traducción de su libro de poesías fue un reto y una satisfacción a partes iguales. Descubrí el alma de Pablo a través de sus versos y cuanto más ahondaba en su poesía más me gustaba su yo más profundo, ese yo que ocultaba bajo su elegante apariencia y su elocuencia de persona bien formada y mundana. Entendí por qué no quería ser él el traductor de su obra. Era tan bella tal cual que traducirla era como cubrirla con un ropaje estentóreo y absurdo. Casi me pareció pecado trasladarla a otra lengua. Barrios me llamó dos meses después de la publicación de sus libros traducidos al inglés y al francés. Estaba exultante. Hizo la presentación del libro en Nueva York en una pequeña y coqueta sala que llenó con sus amistades y conocidos. Hizo uso de todos sus contactos y preparo un evento precioso que para mi deleite grabó en video conferencia. Ni que decir tiene que Pablo me invitó e insistió en que le acompañara. Ni el encanto de Pablo Barrios ni su labia ni su acaramelada voz zalamera consiguieron sacarme de mi jaula. Nadie puede luchar contra el encierro cuando el carcelero eres tú mismo.

Juan reclamaba mi atención. Estaba tan ensimismada con el asunto de mi padre y la reacción de mi hermano que descuidé mi página de internet. Apenas escribía y casi todo el tiempo lo pasaba sumida en mis reflexiones y ayudando a mamá a preparar la casa para recibir la Navidad. Se respiraban aires extraños, por un lado la alegría de tener a Ismael de nuevo en casa. Con la enfermedad bajo control, sentíamos que era imprescindible vivir el momento y saborear lo que teníamos. Nuestra familia estaba restructurada y gozaba de una calma y una felicidad suave pero contundente. Ismael, con sus energías renovadas y su dura experiencia superada, se había vuelto más locuaz y bromeaba con todo. Pidió, exigió, a mamá una navidad llena de tópicos, con su cordero asado, sus adornos de espumillones por toda la casa, árbol de Navidad, Nacimiento con su Niño y todo. Todo, todo, todo repetía con la sonrisa de un niño caprichoso. Mamá estaba encantada pero no le faltó trabajo, desde comprar mil y un adornos a rescatar las viejas recetas de la abuela. Por otro lado, mi hermano, se esforzaba por dar gusto a mamá pero se encerraba en su cuarto con mucha más frecuencia de lo que me hubiera gustado. Yo buscaba momentos íntimos para retomar la conversación sobre papá pero él me esquivaba y suplicaba que le dejáramos tranquilo pues estaba en vena y necesitaba escribir.


No hay comentarios:

Publicar un comentario