MIS HISTORIAS

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DESDE MI VENTANA/ DICIEMBRE

EN SENTIDO INVERSO DEL FINAL AL PRINCIPIO, TODA LA HISTORIA

jueves, 4 de febrero de 2016

"DESDE MI VENTANA" XLVI

"Mantuve el contacto con Juan a través de la red. Su tono de nuevo sonaba cálido y sincero. Ya no mencionaba a Adela y yo se lo agradecí en silencio. Sus sencillos y breves pero continuos mensajes acariciaban mis sentidos. Yo le respondía en el mismo tono, familiar y cercano. Parecíamos viejos amigos compartiendo recuerdos. Evitando siempre enfrentarnos a temas comprometidos manteníamos cierta distancia con la realidad. No me mencionó en ningún momento el lamentable suceso de su visita frustrada y yo lo prefería así, no obstante, me sonrojaba de vergüenza cada vez que leía entre líneas su deseo de verme en persona. Y llegó un, ¿no te lo había dicho? Hace tiempo que no sé nada de Adela. Deseaba ignorar su mensaje pero qué clase de amiga no le dice un, ¿y eso? Me explicó que se fueron distanciando sus citas y terminaron comunicándose prácticamente por internet hasta que también fue desapareciendo la comunicación poco a poco. Todo iba bien, no divertíamos, pero no había magia, dijo, y quedó en silencio esperando mi respuesta. ¿Crees en la magia?, le dije, consciente de que me estaba saliendo del halo protector de las conversaciones mundanas y controladas que evitaban el compromiso y se alejaban de posibles riesgos.

   Llegó una carta a mi nombre sin remitente. Sonreí como una colegiala. La abrí nerviosa como una chiquilla. Qué original, pensé, en la era de las redes y de la mensajería por telefonía, una carta al más puro estilo tradicional me parecía algo muy romántico. Era una carta de papá.¡Vaya!, no pude evitar pensar. Dentro del sobre había una fotografía de mi padre. ¡Estaba tan cambiado! Había envejecido. Papá, susurré mientras rozaba con mis dedos su imagen. Vivía solo, me contaba, con un perro que recogió en la calle y que salía en la foto con cara de bueno. Quería vernos a mi hermano y a mí. Era el momento de hablar con Luis con la claridad y la cordura que exige la verdad con mayúsculas. Por increíble que parezca, nunca le habíamos explicado a mi hermano lo que pasó y consentimos que se hiciera mayor pensando que él no tenía padre. Menos mal a la aparición de Ismael que tan resueltamente cubrió ese vacío en la vida de Luis a la vez que devolvió la juventud y las ganas de vivir a mi madre".


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